lunes, 4 de octubre de 2010

"SERÉIS MIS TESTIGOS"



CAMINANDO CON JESÚS


A todo el Pueblo de Dios que peregrina en Valencia y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que conviven con nosotros.
Queridos hermanos y hermanas,
“Bona gent”:
Hace algo más de un año que estoy entre vosotros. En este tiempo he sido testigo de la vitalidad de nuestra Archidiócesis: lo he visto a través de la vida de tantas parroquias y grupos a los que he visitado; también a través del testimonio de todos con los que me he ido encontrando.
Ha sido -y sé que lo seguirá siendo- un tiempo de acción de gracias al Señor por el trabajo y el anuncio incansable del Evangelio que estáis llevando a cabo. Este tiempo entre vosotros, con los que me siento a la vez hermano y pastor, me permite poder hablaros con sinceridad y con esperanza porque sabemos que es el mismo Señor quien conduce a su Pueblo: Él es quien nos acompaña y nos alienta.
No puedo ocultar que, junto con la vitalidad que he percibido, he descubierto con vosotros que se abre para la Iglesia Diocesana una nueva etapa de su camino, y que resuenan en todos nuestros corazones las palabras que un día Jesús dijo a Pedro después de haber hablado a la muchedumbre, lo invitó a “remar mar adentro” para pescar: Duc in altum (Lc 5, 4). Tanto Pedro como los demás discípulos se fiaron de la Palabra del Señor y echaron las redes. A ninguno se nos escapan las dificultades propias de la vida y del momento presente, la urgencia de vivir la identidad cristiana, pero descansamos en la palabra de Cristo, y con esa confianza absoluta en el Señor sabemos que nos sucederá lo mismo que a los primeros discípulos: “Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces” (Lc 5, 6). Aunque hemos realizado un gran esfuerzo de formación en todos los niveles de nuestra comunidad cristiana, seguimos teniendo una visión limitada de Jesucristo y necesitamos escuchar con más fuerza las palabras del Señor: “rema mar adentro”. La Iglesia Diocesana necesita recuperar la alegría y eso lo tendrá si se dedica a contemplar el rostro del Señor, si se hace peregrina, si se decide a anunciar con entusiasmo y convicción profunda a Jesucristo, en definitiva, si se deja guiar por quien es su Pastor, Jesucristo.
Todo ello suscitará un dinamismo nuevo que nos empujará a emplear el entusiasmo que nace del encuentro con Jesucristo y que se hace vivo en iniciativas concretas. Es muy importante que todo lo que nos propongamos esté fundado en la contemplación y en la oración.
Tenemos que resistirnos a la tentación de hacer por hacer. Hoy de maneras muy diferentes, los hombres nos siguen interpelando a los discípulos de Jesús: “queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21). No sólo tenemos que hablar de Jesús, tenemos que hacérselo ver. Por éstas, y por otras razones, creo conveniente que iniciemos un tiempo de renovación, para que juntos tomemos conciencia de nuestra identidad cristiana y del valor de nuestra fe, y así podamos ofrecer a nuestros hermanos el tesoro que llevamos en “vasijas de barro”.
En este sentido, nuestra Diócesis ha decidido iniciar un Itinerario de Renovación: un tiempo de oración, de estudio y de acción que nos lleve a consolidar las bases de la tarea que nuestra Iglesia en Valencia tiene encomendada: proclamar la Buena Noticia del Evangelio, anunciando a Jesucristo Resucitado en este momento de la historia. Os propongo, pues, que inauguremos este tiempo de gracia escuchando la Palabra de Dios.

“Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana”.
Todos reconocemos y recordamos este texto: el evangelio de Lucas nos cuenta la experiencia de aquellos dos discípulos que, desanimados por lo que habían vivido, y sin acabar de entender lo que había pasado, quieren regresar a su mundo y a sus cosas, quieren volver a lo de siempre, a lo suyo. Ésta puede ser también la situación
de muchos hombres y mujeres que conviven con nosotros en nuestras parroquias, en nuestros pueblos y ciudades. Han conocido a Jesús en su infancia, en su adolescencia…
siguen recordando muchas cosas de Jesús de Nazaret, pero no han encontrado en Él el sentido auténtico de sus vidas. Son hombres y mujeres que aunque saben que Dios está con ellos, no es decisivo para sus vidas.
Jesús se puso a caminar con ellos
“Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. En este caminar hablan y discuten de sus cosas: de la economía, de su vida familiar, del trabajo -tan precario para muchos en este tiempo-, hablan de aquello que les preocupa, de lo que les pasa a sus vidas, de los acontecimientos que han vivido. Y es ahí mismo, en medio de su conversación, donde Jesús se hace presente y se une a su camino. Ellos no le reconocen ahora, quizá porque antes tampoco le reconocieron como Señor y Mesías, y por eso la decepción predomina en ellos; sin embargo Jesús sigue haciéndose presente en el caminar de los hombres y mujeres de nuestra Iglesia.
Dios no ha dejado de caminar al lado de esta sociedad en la que vivimos, aunque muchos se empeñen en vivir sin Dios o nos repitan que Dios ya no forma parte de este mundo; Dios no ha dejado de caminar a nuestro lado, como siempre de forma discreta y respetuosa, y como siempre escuchando de qué habla el hombre de nuestro tiempo.
Siguiendo la pedagogía del Maestro, este Itinerario quiere ser un instrumento para poner de manifiesto la presencia de Jesús en el caminar de nuestras vidas. También quiere ser un medio para descubrir, a muchos hombres y mujeres, la presencia salvadora de Jesús para ayudarles a reconocer que el que camina a su lado es Jesús Resucitado. En ámbitos cristianos, en nuestras parroquias, encontramos a muchos desanimados y cansados. ¡Son tantas las tareas, los esfuerzos, el trabajo, y tan pocos los frutos! En la catequesis, con los jóvenes, con los matrimonios, con los que ocasionalmente se acercan a la parroquia, con los movimientos…

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
Powered by Marcianpc