Creer en Jesucristo conlleva saberse enviado por Él.

lunes, 3 de octubre de 2011

SAN FRANCISCO DE BORJA

SAN FRANCISCO DE BORJA


“Nacido para servir”



Quisiera en unas líneas contarte algo de mi vida, de mis sueños y búsquedas, de mis ambiciones, y de cómo Dios me tocó el corazón. Todo esto fue hace cinco siglos, y aunque te parezca de otra época, lo que me ocurrió a mí tal vez no esté tan lejos de tus deseos y de tus sueños.

Lo primero que tengo que decirte es que mi familia, para bien o para mal, no era una cualquiera. Nací en 1510, siendo biznieto de un papa, Alejandro VI, y por si fuera poco, biznieto también del rey Fernando el Católico. Como comprenderás, con esta familia, siempre estuve envuelto en el ambiente de la Corte y muy cercano a la Iglesia.

Ciertamente mi futuro se orientaba a conseguir un buen cargo. Con 18 años fui nombrado Marqués de Llombay y a los 19 me casé con Leonor de Castro, una dama portuguesa. Además fui nombrado caballerizo mayor de la Emperatriz Isabel.

Pero a veces Dios nos toca el corazón a través de lo que vivimos. ¿No te ha pasado a ti alguna vez?

A mí me pasó con la muerte de la Emperatriz, tan joven, tan bella. En ese momento no me di cuenta de lo que su muerte produjo en mí, pero siento que empecé a mirar las cosas, lo que quería con otros ojos.

El Rey me nombró Virrey de Cataluña y tuve que hacerme cargo de las tierras del Ducado de Gandía. Pero algo seguía bullendo en mi interior. En 1546 murió mi esposa. Por entonces decidí hacer un retiro espiritual según los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyóla.

Te preguntarás qué me hizo plantearme la vida de otro modo. Yo lo tenía todo: poder, prestigio, amigos influyentes, un futuro prometedor... pero esto no era suficiente. Sentía que mi felicidad no estaba ahí.

A veces uno tiene que tomar decisiones difíciles, que no todo el mundo comprende. Y yo lo hice: decidí entrar en la Compañía de Jesús, ser jesuita, como Ignacio de Loyola, como Javier. Había conocido a estos hombres hace unos años y me quedé admirado con su modo de vivir el mensaje de Jesús.

Dejé el Ducado a mi hijo mayor, me despedí de todos y marché a Roma

Con 40 años me ordené sacerdote. A veces, sentía ganas de dedicar muchas horas del día a la oración, a rezar, pero también fui viendo que la mejor forma de servir a Dios era a través del trabajo.

Así, fui haciéndome jesuita, poco a poco.

Ignacio de Loyola quiso valerse de todas mis cualidades, de mi experiencia de vida en la Corte de España. Ahora se trataba de poner todo lo que yo era al servicio del Evangelio. Ignacio me hizo responsable de los jesuitas de España y Portugal.

Al morir el Padre Diego Laínez, uno de los primeros compañeros de Ignacio y sucesor suyo, fui elegido tercer Superior General de la Compañía de Jesús. Entonces me dediqué a impulsar el trabajo de los misioneros y cuidar la formación de los jóvenes jesuitas. En varias ocasiones quisieron nombrarme cardenal, pero yo lo rechacé.

Desde que sentí esa llamada de Dios, quise dedicar mi vida a su proyecto, huyendo de la fama y el poder. Ésta fue mi vida. Espero que te haya ayudado a mirar la tuya con otros ojos, desde Dios.

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